Amor de madre.

Cuando era pequeña, en casa de mi abuela paterna tenían una gata. Era una gata gris perla, esponjosa, buena y paciente.

Todos los sábados nos reuníamos a comer arroz al horno. La gatita se paseaba entre nuestras piernas como si fueran un bosque de pinos. Enroscaba la cola al pasar, como si de una dama victoriana se tratase.

En una de esas comidas, pisé algó un día. Cuando me agaché para mirar, vi que a la pobre gatita le había pisado la cola sin querer. No dijo ni miau. Más buena que el pan.

Sólo una vez sacó las garras. Había tenido gatitos. Del padre no supimos nunca. Creo que dijo que se iba a comprar leche. Estaba en la terraza, y mis primos y yo nos acercamos curiosos a ver la camada. No pudimos. La gata empezó a gruñir con rabia, advirtiéndonos, como Gandalf  al Balrog, de que ¡¡ No podíamos pasar!!.

Este recuerdo me acompañó siempre, como definición del instinto animal.

Hasta hace unos meses, no fui realmente consciente de lo que esa frase significa. Di a luz a mi hija, y se ha convertido en la principal razón por la que sonrío. (Junto a su padre, aunque él, más que sonreír, me hace reír a carcajadas).

Además de eso, mi parte más mamífera ha salido a la luz. Desde que supe que estaba embarazada, un instinto protector hacia la pequeña vida que estaba dentro de mí, se agudizó.Y reconozco que me molestaba que no la consideraran una personita, digna de todo el respeto y cariño desde el minuto 1. Y más de una vez he sacado un caracter desconocido en mí para defenderla.

Quizás lo mío es amor de madre. Gatuna.

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La sonrisa de Lucía.

Muchas cosas han pasado desde la última vez que estuve por estos lares.
Aunque la gran mayoría podría resumirse en una sola. El pasado año estuvo lleno de emociones de lo más variado: sorpresa, miedo, nervios, emoción, ansiedad, alegría, tristeza…En fin, la peli Inside Out en loop.
De todo ello, me quedo con la constante de mi vida : Las grandes decisiones que he tomado siempre han requerido por mi parte de un salto de fe, una ruptura de esquemas y planificación. Y gracias a ello, he acertado de pleno.
Puedo decir que soy feliz, muy feliz.
Si miro atrás, (cosa que nunca hago, ya que mi lema es “lo mejor está por llegar” ), pienso en que todo el camino recorrido ha merecido la pena. Las decepciones, las ilusiones, los agobios, las risas, las lágrimas, la rabia, el dolor, la esperanza … Todo ha merecido la pena, por ella, por la sonrisa de mi querida y preciosa Lucía.

¡Por los pelos!

Mientras me depilaba, me ha venido un recuerdo de cuando era pequeña.
Siempre pensaba que depilarme con maquinilla era un suplicio, así que me sentía orgullosa de ser pequeñita.
Pensaba en las mega piernas de Adriana Sklenarikova ( o algo así), que decían que era la persona con las piernas más largas del mundo ( un metro y pico!), y, lejos de sentir envidia, me daba lastimita.” Pobrecita, lo que debe sufrir con la máquina de depilar y los pelitos enquistados”.
Si es que…El que no se consuela es porque no quiere.
Pasaron los años, y nunca me he sentido acomplejada por mi poco más  de 1,60, pero sí que hubiera agradecido tener un par de plataformas al estilo Reina Drag Queen de los Carnavales de Tenerife en algunas ocasiones.
Por ejemplo : coge una caja de leche en el último estante de la estantería del Súper, que, además, está al fondo del todo.
¿ Solución?Súbete al primer escalón, entre cajas de galletas y chocolatinas, y siéntete como un King Kong subiendo el Empire Estate . Llegas a la cima, y empiezas a pegar saltitos simiescos que ponen a prueba tu equilibrio y tu integridad física.No son saltitos de alegría, sino de lucha por conseguir tu preciado tessssoro.”Grmpf, ufff, ayyys”, ya está, has encontrado el eslabón perdido entre el mono y el hombre…Rebuscando entre leche de avena, de coco, sin lactosa, leche de aire…Y ya está!La agarras con fuerza y cuidado.Sólo que en vez de la chica de Kong, es tu adorado tetrabrick.¡ Nada os separará! Pero, ¡ ay, amigo! Comienza el descenso…No hay helicópteros disparándote, sino tus bailarinas que flojean por el esfuerzo, esos tobillitos que tiemblan…Se avecina un desastre total.Una tormenta (láctea), perfecta.
Poco a poco, descuelgas tus garras del Empire Esta(n)te y, por fin colocas con sumo cuidado a la preciada caja, sin daño alguno. Bueno, quizás un poquito tu dignidad, pero eso amigos no es tan traumático.
Si no, pensad en el pobre Kong.
¿ Solución? Ir con un taburete plegable everywhere o buscarte un amorcito alto y caballeroso que te libre de tal lance.
Conclusión…Ser pequeño no es tan malo…Es toda una aventura.

En qué pienso cuando nado…

Con este post me he sentido como James Bond. ¿ Recordáis cuándo le decían aquello de ” Esta grabación se autodestruirá en 10 segundos”? Pues eso. Justo cuando estaba a punto de  publicarlo, no se qué ha pasado o qué botoncito he tocado, y mi post se ha perdido en las profundidades de la blogosfera. Digno de un capítulo de ” Historias Corrientes”. ( Serie friki de animación que os recomiendo fervientemente).

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Gracias chicos…

Pero bueno, como soy muy cabezota cuando quiero, here we go again.

El título del post es un homenaje a Murakami y su libro ” De qué hablo cuando hablo de correr”. No he leído el libro, así que no sé si algo de lo que digo, tendrá algún paralelismo. Pero ese título me resultaba muy inspirador , y de hecho me vino a la cabeza en uno de esos largos piscineros.

De pequeña no era muy deportista, por no decir nada. Llevaba gafas y siempre me daba pavor que me dieran un balonazo y me las rompieran, o tropezar en el potro o saltando y que se me rompieran…O… Sí amigos, era una patosilla en potencia. o al menos eso creía, Así que, desde que mi padre me enseñó a nadar  de pequeña, y tras caerme y desmayarme yendo con los típicos patines de cuatro ruedas; romperme el húmero en cuatro partes intentando emular al Cirque du Soleil cuando ni siquiera existía; y hacerme dos esguinces saltando una alcantarilla…Todo eso antes de cumplir 14 años, comprendí que lo más seguro para mi integridad física era estar a remojo como un garbancete.

En serio, más allá de algún coscorrón nadando de espaldas, o tragar demasiada agua, la natación es uno de los deportes más inofensivos. ( Eso sí, recordad secaros bien el pelo, o pillaréis una bronquitis aguda, casi neumonía, como la que me tuvo en casa 15 días y me hizo temer durante bastante tiempo a mis queridas piletas ).

Seguro que en ésta no me hubiera pasado nada...;-)

Seguro que en ésta no me hubiera pasado nada…;-)

El caso es que nadar me relaja, me quedo muchas veces absorta en mis pensamientos aún sin pretenderlo  me pongo a divagar sobre todo: Mi familia, mi vida, el mundo en general, me pongo súper filosófica entre brazada y brazada, y muchas veces encuentro la inspiración aquí.

No sé si es por el azul de los azulejos,( valga la redundancia), o la calma que me produce el agua, o el silencio cuando te sumerges, el caso es que entro en un estado de desconexión importante.

A veces llego con pocas ganas, ” Veinte minutos y me voy”, y me acabo quedando una hora. Tampoco os creáis que estoy todo el rato en plan campeona olímpica ( ¿ Risas? ¿ He oído risas?). Muchas veces cojo las maravillosas pesas de espuma ( Pesan más de lo que parece y te hacen sentir una fitgirl en toda regla…Bueeeeno, vale, no tanto, pero molan). O si no, te montas en un churro de espuma de colores, cual brioso corcel acuático, y te pones a mover los brazos en plan clase de Aquagym.

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En esos momentos, me siento feliz. Como cuando escribo. Es una felicidad infantil. Y me encanta. Vuelvo a mis raíces acuáticas.

Así que, a pesar de que mucha gente promulgue las bondades del running, del fútbol o la zumba ( o ¡Zuzumba! que diría Finn de Hora de Aventuras), yo me quedo…

¡ Un beso !

La noche del oráculo. Paul Auster

Adoro a Paul Auster. Gracias a mi padre, le descubrí en la fantástica “Brooklyn Follies”, y me cautivó.

Esta vez, el universo austeriniano vuelve, con un toque más noir. La atmósfera de la novela, aunque ambientada en los efervescentes años ochenta neoyorquinos, tiene mucho de película detectivesca  de los años cuarenta: amores imposibles, malvados antagonistas, y protagonistas con escrúpulos, pese a todo ese vacío existencial que produce pensar que tu vida, no vale más que un golpe de suerte.

Una vez más, Auster nos sumerge en la metaliteratura. La novela dentro de una novela dentro de una novela. Un caleidoscopio, donde todo encaja. Aunque el azar, las casualidades, parece ser uno de los argumentos principales de la novela, todo encaja meticulosamente. Incluso los detalles más nimios. Hasta el desconcertante señor Chang, personaje digno de “Resacón en las Vegas”.

Y por supuesto, Nueva York. Que en las novelas de Auster, más que un paisaje o un telón de fondo es un personaje más. Intrigante, sorprendente, a veces sórdido.

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Si tuviera que ponerle una pega, diría que otra vez, como en “Un hombre en la oscuridad”, deja varios cabos sueltos en alguna historia, que te deja con ganas de  más. Esto me produjo una cierta sensación de desconcierto y decepción, pero es cierto que para el núcleo de la novela no es  importante. Pero cuando disfrutas mucho con un libro,  te apetece seguir indagando más y más en sus vidas.

Su protagonista, Sid, es un escritor en horas bajas . Aunque empaticé con él casi todo el tiempo, a veces me enervaba su carácter.

Por supuesto, no voy a adelantar nada de la trama, ( ¡ A veces esto resulta muy difícil ! ), pero tanto el tempo como la historia de la novela toman como inspiración una historia narrada en ” El Halcón Maltés”, la famosa novela de Dashiel Hammet llevada al cine por John Houston.

Porque las buenas historias , y las bajas pasiones siempre tienen cabida, hasta en nuestros días.

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Indie loves Disco. Versiones pop de temazos bailables de los 90.

Mi adolescencia está llena de recuerdos musicales. Mis tardes quinceañeras de viernes las pasaba en una disco light. Me pedía un Malibú con piña, y me ponía a bailar con mis amigas las famosas “cantaditas”. Esas horas eran el colmo de la diversión. Y si ya veías al chico que te gustaba, podías irte con una sonrisa de felicidad en la cara. ¡ Con qué poco nos conformábamos!

Aunque siempre he sido más de rock ( y brit pop), me fascinaban esas canciones de regusto ” bakalaero”.

Años más tarde, me siguen alucinando: la estética entre tebeo manga y clase de aerobic , el fortísimo acento español cuando cantaban en inglés, las letras más ñoñas que un unicornio rosa de peluche…Y es que, a pesar de todo, tienen algo que hipnotiza. Como los labios de Rosa, la madre de “Quién quiere casarse con mi hijo”.

Rosa, la madre de David en 'QQCCMH4'. Cuatro.

Sabes que estás rodeada de treintañeros si, en una discoteca, fiesta o evento ponen el famoso “remember”, y, presas del éxtasis ( no me refiero a la droga, que para alguno también, sino del místico, como Santa Teresa),comienzan a elevar los brazos y a cantar: “Freed from desiiiire, na na na nana na na na na na na na….” ( Confiésalo querido lector, si estás en esa franja de edad, tú también te has puesto a cantarla al leer estas líneas).:-)

Con los años, descubrí que muchas de estas canciones eran versiones de clásicos del pop y el rock: ” Sister Golden Hair” de America, “American Pie” de Don McLean, “Gold” de Spandau Ballet…

Pero cuál es mi sorpresa, cuando, años después, compruebo que buenos grupos de indie se dedican a versionar las famosas canciones de los 90. He aquí una pequeña selección:

1- La primera, el grupo barcelonés Mendetz versionando a la italiana Gala y su “Freed from desire”:

2- Los británicos Bastille con su particular “Rythm of the Night”,el mítico tema de Corona.

3- Los geniales Astrud versionando ” Bailando” de Paradisio, con frase uncensored incluida, sí señor. Seguro que al ver la coreografía os cambia la vida. Qué manera de moverse, qué frenesí.

Por cierto, el vídeo de los barceloneses me recuerda mucho estéticamente al “This is hardcore” de Pulp. Ahí van los tres.

4- Y por último, esta versión me ha pillado por sorpresa. Hace un par de días escuché el tema original y, dándomelas de cooltureta, le dije a mi querido Mr.Darcy que aquello era una versión actual de la canción de Klaxons, con toquecillo retro. Pero, al tratar de corroborarlo en la-enciclopedia-electrónica-que-no-debe-ser-nombrada-por-si-te-piden-un-donativo, comprobé que, contra todos mis pronósticos, la canción de chunda-chunda era la original. BAZINGA!

¿ Y vosotros, conocéis más versiones de joyitas noventeras? ¡Un beso!

¡Ya era hora!

¡¡Hola a todos!!

Ante todo disculparme por mi prolongada ausencia. Podría decir muchas cosas y todas verdad: he estado fuera un tiempo, han habido muchos cambios en mi vida(todos ellos muy positivos) y he ido muy liada, pero eso no es excusa para dejar en stand by a mi pequeña creación: este blog.

La verdad es que escribo sin haber pensado ningún tipo de cambio o lavado de cara, que es lo que suelen hacer las blogueras de postín.

Pero yo sólo soy una chica a la que le encanta escribir. De las que  escriben con la mente, más que con las manos.

¿ Qué es esto? ¿ Significa esto que he adquirido poderes telequinéticos al estilo Carrie? Pues no, mes amis, simplemente que a falta de papel y lápiz, ordenador o cualquier otro dispositivo sobre el que plasmar mis historietas, mi mente es el lugar en el que guardo mi mundo. Y muchas veces ahí se queda, En la biblioteca de la memoria. Porque soy un poco perezosa, por timidez, etcétera…

No sé muy bien que os vais a encontrar a partir de ahora por este nuestro blog, pero seguro que será de lo más variadito, porque todo lo que está pasando no es para dejarlo correr, ¿ verdad? Así que permanezcan atentos a sus pantallas porque esto no ha hecho más que empezar.

Un gran beso!!

Os dejo con una de mis canciones favoritas…