And justice for all.

Esta noche he sido testigo de una injusticia. Un indigente, a quien veo a menudo por una calle muy céntrica de mi ciudad, ha sido atropellado por un coche que pretendía darse a la fuga, junto a otro coche más.Gracias a la intervención de una transeúnte, y más tarde mi madre, quienes valientemente se han enfrentado a ellos mientras yo llamaba a la Policía, hemos evitado que estos personajes dejaran a un señor mayor, herido, y con su bicicleta rota, abandonado a su suerte.

Al llegar los policías, el pobre hombre se ha puesto a llorar desconsoladamente, mientras besaba la cabeza a su inseparable perrito.

Llevaba unos días enfadada por un par de encontronazos que había tenido con un par de desconocidas muy agresivas. Justo unos minutos antes de este incidente, le comentaba a mi madre que creía que esto me había pasado para aprender a conservar la calma, frente a las provocaciones e injusticias.

Al contárselo a mi marido me ha dicho: “Quizás todo eso te ha pasado para saber actuar y ayudar a este señor”.Puede que tenga razón. Si es así, me siento agradecida por la lección aprendida.

También pienso en que, aparte de no mirar hacia otro lado, tenemos la responsabilidad de ser empáticos y actuar frente a las injusticias, aunque a veces parezca una temeridad.

Parafraseando a Edmund Burke, ” Lo único que necesita el mal para triunfar, es que la gente buena no haga nada”.

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