CIUDADES SOÑADAS

Hay una frase genial del poeta Ovidio que dice: “No se desea lo que no se conoce”. Y eso creo que nos pasa a todos.

Se nos crean necesidades, anhelos y sueños. Entre la tele, Internet, las revistas, cada vez quieres más y más y más…El Iphone más moderno, unos zapatos geniales, una cena en el restaurante más exclusivo…Y finalmente,un día, lo piensas mejor y haces un parón.

Y empiezas a pensar, que vale, que todo eso está muy bien, pero que acumular y acumular no tiene mucho sentido. Empiezas a hacer limpieza de todo. Ropa, trastos… Hasta de amigos del Facebook. Y te sientes mejor.

La ligereza invade tu vida. Pero esos sueños que siempre han permanecido, sólo que dormidos, vuelven a salir con mucha más fuerza.

Mi sueño siempre ha sido vivir en una gran ciudad, cosmopolita y bulliciosa. Llena de gente, bares, tiendas y actividades. Con mucho tráfico y polución, pero también vibrante de energía.

Cuando empecé a ir a la facultad, mi gran sueño era vivir en Barcelona. Adoro esa ciudad. Mi sueño era trabajar en un célebre despacho de abogados de la Ciudad Condal. ( No tenía claro cuál, sólo que fuera célebre. Cosas de ver demasiadas pelis  basadas en novelas de John Grisham).

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¡Ella tiene poder, ella tiene poder…Marabú!Que cantaba Peret…

Unos añitos más tarde, me entró la nueva neura. Quería irme a Londres. Por su música, su ambiente gamberro y su vida nocturna. Me veía con mi parka llena de parches de grupos, al más puro estilo quadrophénico. Con una Lambretta llena de espejitos (cosa un poco rara porque no sé ir en moto). A decir verdad las motos me asustan un poco. Todo ese rollo de: “En la moto, la carrocería eres tú”, me daba bastante miedito.

Me imaginaba arrollada por un coche con mi moto encima de mi, el médico diciéndole a mis padres hicimos lo que pudimos, hay un nuevo tratamiento…fundido en negro, y más tarde yo convertida en Robocop). En fin, mi amor por Londres seguía y seguía, hasta que por una cosa o por otra, nunca me acababa de ir…

Quadrophenia

Yo sería la rubia pero en buena…(Los que habéis visto la peli, me entenderéis…)

 

Hasta que fui a París. Y cual bailarina de cancán, como Satine, cambié a mi amor inglés por mi pasión moulinrougesca. Oh là là…Paris!!

MONTMARTRE (PARÍS) - 014

Me chifla este lugar, pero de momento no me ha dado por cortarme el pelo con un tazón al estilo Amélie…(Lo sé, tantas fans de esta chica me van a odiar por este comentario)…

Y, finalmente llegó ella. New York City.

Bueno, he de decir, que antes estuvo Shanghai, una maravilla de ciudad con esa mezcla de decadencia y modernidad que tanto me fascina. Ese rollo colonial unido a la magia oriental y ese comunismo tan capitalista que inunda al gigante asiático (como me gustan los topicazos…).

Ver merchandising de Mao, especialmente un reloj al estilo Flick Flack, en el que veías al  Muy Amado Líder saludando, y mega edificios de lujo al lado de casas miserables, son cosas que te llaman la atención.

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He aquí el relojito de marras…

 

Pues eso, estaba yo en una fase de vivir cerca del mar, de trabajar en otra mega empresa, esta vez del sector portuario y mi imaginación se disparó.

Pero no, amigos, ese no era el lugar. Cuando paseaba por sus calles llenas de neones y las amplísimas avenidas repletas de coches a toda velocidad, me decía: “Así debe ser Nueva York”.

Así que, hace casi un año, por fin pude visitar la ciudad de mis sueños y de los de todos los críos de mi generación.

Ghostbusters, mi película favorita de todos los tiempos creo que me hizo soñar y desear estar allí desde siempre. Central Park y “Solo en Casa 2”, las pelis de mafiosos y mi querida Carrie Bradshaw (ídola de varias generaciones de chicas locas por ser como ella, aunque he de decirlo, un poco loca también estaba nuestra amiga rubia de faldita de tul).

Lo mejor de todo, es que yo, me sentí como en casa. Una ciudad bonita, enorme, pero a la vez agradable y nada peligrosa. (Exceptuando la noche que en plan hipster me dio por convencer a mi chico para ir a Wiliamsburg, y acabamos en una especie de ghetto polaco, lleno de fotos del Papa Juan Pablo II, en el que a duras penas nos hacíamos de entender. NO me dio miedo, pero me veía viviendo allí por siempre jamás, con un pañuelo en al cabeza, comiendo goulash y unos dulces buenísimos).

Así que, sí, de momento mi ciudad soñada es Nueva York. Pero no prometo nada. Igual  ma´ñana me voy a Nueva Delhi y vuelvo a cambiar de opinión… ¡Un besazo!

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She’s the one, que dirían los Ramones, o mejor dicho: The Ramouuuunes…

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