Paula y el niño que sólo podía comer cosas rojas.

** Es un esbozo de un cuento infantil, que de momento tengo aparcado. MI idea con este cuento enseñar a los niños a comer de todo, especialmente frutas y verduras, y como trasfondo promover la tolerancia y el diálogo ante los conflictos.

Me hace mucha ilusión poder aportar mi granito de arena literario para hacer que los peques sean más felices. 😉

Paula era una niña muy simpática. Sus padres la adoraban. Pero tenía un defecto, no le gustaba comer. O mejor dicho sólo habían tres cosas que le gustaba comer: filete con patatas, hamburguesas, y pasteles de chocolate.

Su madre se desesperaba:

-¡Paula, hija! ¡Así nunca te hará mayor! ¡No crecerás!

-Me da igual.

-Venga, prueba un poquito, son sardinas con ensalada. Tienen muchas vitaminas, y así estarás fuerte.

-¡Puaj! ¡Qué asco!¡Las sardinas tienen espinas y me atraganto y la ensalada es viscosa, parecen las algas de la playa!

-¡Esta niña, los disgustos que me da! ¡Javier, habla con tu hija, a ver si la puedes convencer!

Paula, aprovechando el descuido de su madre, se deslizó por debajo de la mesa.

De pronto vio que, por la ventana del comedor que daba al jardín de su casa, un niño muy delgadito pero con unas mejillas sonrosadas, le hacía señas desde fuera para que saliera.

Intrigada, Paula no se lo pensó dos veces y salió.

-¡Hola, me llamo Pedro!

-¡Hola, y yo Paula!¿ Qué haces aquí?

– vengo de un país muy lejano a por ti. Necesitamos tu ayuda. ¿Me acompañas?
-¿Pero a dónde?

-Es una larga historia… ¡Te la contaré por el camino!

Cogió a Paula por el brazo, y juntos se subieron a una especie de pequeño globo aerostático de un intenso color rojo, sólo que este estaba hecho de un extraño material parecido al acero.

¡Guau, qué pasada!- Exclamó Paula cuando entraron en la barquilla, esa especie de cestita de mimbre donde se colocan los pasajeros.
Parecía minúscula por fuera, pero por dentro tenía espacio para la cabina de tripulación con todos los mandos y ordenadores llenos de lucecitas de colores, más una pequeña cocina y un comedor.

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-¡Bienvenida a mi humilde nave!-Exclamó el niño. Ponte cómoda en el asiento, y no te olvides del cinturón de seguridad, porque vamos a despegar.

Dicho y hecho, el niño empezó a pulsar varios botones, y el globo empezó a subir como un cohete.

– Más rápido que un avión pero sin despertar sospechas.- sonrió el niño.

-¿Oye, y mis padres?¡Son muy pesados, pero no quiero que se preocupen por mi!

-No te preocupes, he colocado en tu lugar a un robot súper real, que habla como tú y pone tus mismas caras de asco cuando tu madre te da la comida.

-¡Qué dices! ¿Pero cuánto tiempo me has estado espiando?

-Llevamos observándote desde que naciste, Paula la Pacificadora.

-¿Cómo?

-Te lo contaremos con más detalle cuando lleguemos a Rojérrimo, mi planeta.
¿Te apetece algo de comer? Tengo fresas, cerezas…

-¿No tendrás un filete?

-No. Eso pertenece a nuestros enemigos. Pero es una larga historia.

-¿Oye, que eso eso verde y azul que estamos viendo de lejos? Parece como si se hubiera hecho de noche de repente.

-Eso es tu Planeta, la Tierra. Vamos rumbo a mi planeta: Colorín Colorado. Cuando lleguemos te explicaremos todo con detalle.

Paula , aunque decidida y valiente, no pudo evitar un escalofrío, ya que realmente no sabía adónde iba, ni para qué.

¿ Y si la estaban secuestrando? ¿La habían abducido los extraterrestres?Se acordó de una peli que vio hace hace muchos años, cuando tenía 6, que les encantaba a sus padres. En ella unos extraterrestres secuestraban a gente durante años y décadas, y aunque al final parecían buenos y devolvían a la gente, a ella no le apetecía nada volver a su casa con 80 años. ¿ Qué sería de sus juguetes?

close encounters

Además esta mini nave, aunque con luces y moderna, no era tan espectacular como la que salía en la peli…

 

CONTINUARÁ… 🙂

 

 

 

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